Antalya (Turquía) (AFP) – La ciudad turca de Antalya recibe a partir del lunes la gran cita anual del clima, la COP31, en un mundo azotado por indicadores inquietantes y con cuestiones muy amplias sobre la mesa, como los combustibles fósiles, las finanzas climáticas y la crisis energética.

Primera modificación: 06/11/2026 - 09:49

Delegaciones de cerca de 200 naciones se dan cita en Turquía del 9 al 20 de noviembre, en una reunión en la que no se esperan grandes acuerdos transversales, pero sí una "agenda de la acción" en varias temáticas por iniciativa turca. La dirección será bicéfala y Australia pilotará las negociaciones.

Los estudios científicos de las últimas semanas abundaron en indicadores preocupantes, como el récord en 2025 de las concentraciones de gases de efecto invernadero. La mortífera riada en Nepal en agosto y las decenas de miles de muertos en Europa por el calor extremo fueron un recordatorio de las consecuencias.

El objetivo más ambicioso del Acuerdo de París de 2015, contener el aumento global de la temperatura en 1,5 ºC respecto a la era preindustrial, también peligra.

La ONU ha alertado que se puede rebasar ese umbral en los próximos años e incluso llegar a +2,6 ºC en este siglo.

"Esta es la primera COP en la que está claro más allá de toda duda razonable que el mundo rebasará el objetivo de 1,5 ºC", dijo el ministro turco de Medio Ambiente y presidente de la conferencia, Murat Kurum.

"El objetivo de 1,5º sigue siendo nuestra brújula", agregó. "En Antalya tendremos que empezar a responder a las nuevas realidades" derivadas de superar temporalmente ese límite.

"La ciencia nos indica aún que podemos regresar" por debajo de ese umbral, apunta Ana Aguilar, negociadora jefa de Panamá.

- Electrificación, océanos, residuos

En la reunión no se esperan grandes acuerdos vinculantes. "No será la COP que cambie el mundo", pero "es una conferencia importante" que debe consolidar "avances", dijo Paul Watkinson, ex negociador jefe de Francia.

La presidencia turca ha propuesto una agenda de diez temas sobre una base voluntaria, como son una mejor gestión de los residuos para reducir las emisiones de metano y una mayor inclusión de los océanos en los planes climáticos de los distintos países.

La propuesta estrella de Ankara es incrementar la electrificación del transporte, la construcción y la industria para mejorar la eficiencia y emitir menos gas.

El objetivo es que la cuota de electricidad en el consumo energético global alcance el 35% en 2035.

Un objetivo que cuenta con amplio respaldo, pero que los ambientalistas matizan. "No es suficiente con electrificar, si no hay por lo menos un 75% de fuentes de origen renovable" en la ecuación, advierte Anna Cárcamo, especialista de política climática de Greenpeace Brasil.

Combustibles fósiles

En el frente de los combustibles fósiles no se aguarda a priori ningún compromiso vinculante.

Pero Brasil, que enviará a su reelecto presidente Luiz Inácio Lula da Silva, defenderá su hoja de ruta para abandonarlos progresivamente y según las circunstancias de cada país, presentada esta misma semana.

"La transición es inevitable, así que empiecen a planearla ahora, y lo antes posible, porque eso será bueno para su país, su sociedad y su economía", dijo Ana Toni, directora de la COP30 celebrada el año pasado en Belém.

Ankara promoverá la electrificación como vía reforzada de inclusión de las renovables en el consumo energético y reducción de los combustibles fósiles.

Turquía comparte con Australia su dependencia del carbón. El país oceánico es el segundo mayor exportador de esta contaminante materia prima, una paradoja que será objeto de atención.

"Como país rico y productor de combustibles fósiles, Australia debería dar ejemplo", fustiga Kathryn McCallum, de la red Climate Action Network (CAN).

Esta activista critica, por ejemplo, que el actual gobierno de Anthony Albanese haya aprobado desde 2022 decenas de proyectos relacionados con gas, petróleo y carbón.

Una fuente europea indicó que uno de los puntos calientes será el acceso de los países en desarrollo al dinero que necesitan para adaptarse al cambio climático, con tareas como diversificar cultivos, protegerse del aumento del nivel del mar o desarrollar alertas tempranas de catástrofes.

Muchos países se quejan de la deuda que generan muchos de los mecanismos actuales, y de la barrera que supone la desconfianza de actores privados a la hora de invertir.

"Los instrumentos que tradicionalmente hemos recibido han sido a punta de deuda, esa ha sido una característica grande que ha tenido América Latina", critica Ana Aguilar de Panamá, que reclama un mayor acceso a la llamada financiación concesional, es decir líneas de crédito con intereses mínimos.

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