La victoria de los demócratas en las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos provocó una ola de ventas en el sector tecnológico, que llevó al Nasdaq a caer más de 5,5% en su peor jornada desde abril de 2025. Los centros de datos, que precisan enormes cantidades de agua y energía, se convirtieron en tema de campaña, pero especialistas consultadas por France 24 dudan de que el nuevo Congreso imponga límites verdaderos al desarrollo de la inteligencia artificial.
Primera modificación: 07/11/2026 - 01:21Última modificación: 07/11/2026 - 01:25
Las acciones de las principales empresas tecnológicas se desplomaron el jueves 5 de noviembre tras el arrollador triunfo de los demócratas en las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos.
Los mercados temen que el próximo Congreso, de mayoría demócrata, impulse nuevas regulaciones sobre el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) y ponga límites a la construcción de nuevos centros de datos.
El Partido Demócrata recuperó el control del Senado y de la Cámara de Representantes. El nuevo Congreso asumirá en enero de 2027, y cualquier ley que sea aprobada allí deberá pasar antes por el presidente estadounidense, Donald Trump, quien conserva el poder de veto.
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El índice Nasdaq cayó más de 5,5% y entró en zona de corrección, es decir, acumula una baja de entre 10% y 20% desde un máximo reciente. Fue su peor jornada desde abril de 2025, cuando el anuncio de aranceles de Trump en el denominado ‘Día de la Liberación’ generó una ola de ventas en Wall Street.
Este viernes, las acciones tecnológicas recuperaron parte de las pérdidas, impulsadas por los fabricantes de chips. El índice de semiconductores de Filadelfia subió 4,2%, aunque lejos de contrarrestar la caída de 12% del jueves.
Según Natalia Zuazo, especialista en política tecnológica y gobernanza digital, las más expuestas son las fabricantes de semiconductores avanzados, como la estadounidense Nvidia y las empresas surcoreanas del sector.
“A largo plazo esta caída se va a revertir. No es algo que va a durar muchísimo tiempo”, afirma en diálogo con France 24 en Español.
¿Regulación o burbuja financiera?
Para Beatriz Busaniche, directora ejecutiva de la Fundación Vía Libre, el temor a una mayor regulación de la IA no explica en su totalidad el desplome de los mercados.
“La cuestión es más financiera que regulatoria, en el sentido de que hay una gran burbuja financiera alrededor de los negocios de estas big tech”, sostiene en diálogo con France 24 en Español.
A su entender, el problema pasa por quién la diseña la regulación. “No hay un problema regulatorio, hay un problema de captura de la regulación y de captura del poder del Estado para el interés de estos tres o cuatro grandes jugadores”, afirma.
Según la activista y académica argentina, el cambio que acompaña el triunfo demócrata es, por ahora, “más discursivo y narrativo” que de regulación concreta.
Zuazo también es escéptica con respecto al alcance del nuevo Congreso. En su opinión, la regulación en Estados Unidos funciona estado por estado, en lo que describe como un “federalismo regulatorio”.
“No creo que en Estados Unidos vaya a suceder que el Congreso nacional regule sobre centros de datos. Creo que el tema va a pasar por los estados”.
Los tecnomagnates, bajo la lupa
Las grandes tecnológicas habían apostado fuerte por Trump. Busaniche destaca que una de las primeras medidas del presidente republicano al asumir, en enero de 2025, fue derogar la orden ejecutiva sobre IA que había emitido su antecesor, el demócrata Joe Biden.
Entre las empresas más golpeadas el jueves estuvieron Tesla y SpaceX, dirigidas por Elon Musk, quien gastó al menos 445 millones de dólares para apoyar a candidatos republicanos, según la agencia AP.
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El rechazo a los centros de datos
Los centros de datos, grandes instalaciones con miles de servidores que procesan la información necesaria para entrenar y operar los sistemas de IA, fueron uno de los ejes de la campaña.
Según Busaniche, varios candidatos demócratas, sobre todo en Texas, basaron su discurso en la idea de que las grandes corporaciones hacen su negocio y “el costo lo carga en las espaldas del pueblo trabajador norteamericano”.
Zuazo menciona los motivos del rechazo en las comunidades, entre los que destaca el consumo de electricidad y agua, el ruido constante, la basura electrónica y el escaso empleo que generan cuando están en funcionamiento.
“Una vez que está construido el centro de datos, en promedio, como mucho tiene 100 personas trabajando. Entonces, a las comunidades mucho no les conviene”, explica.
“Ninguna elección se define por una sola cuestión”, aclara. Sin embargo, precisa que en Estados Unidos hay un movimiento creciente que busca hacer más democrático el proceso de toma de decisiones de los centros de datos. La intención es que las comunidades participen en las decisiones sobre dónde y cómo se instalan, con consultas públicas que también se realizan en Canadá.
Busaniche indica que otros temas, como la privacidad, la discriminación por sesgos o los derechos de quienes trabajan en plataformas, quedaron relegados en la campaña, aunque “van a emerger más temprano que tarde”.
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La expansión hacia América Latina
Si las restricciones avanzan en Estados Unidos, la expansión podría acelerarse en otras regiones. Según Zuazo, eso ya sucede en México (sobre todo en la zona de Querétaro), Chile y Brasil. Los tres países encabezan la construcción de centros de datos en América Latina, pese a protestas de comunidades locales.
En el caso de Argentina, para la especialista, la Patagonia ofrece espacio y clima frío, dos condiciones favorables, pero no tiene suficiente infraestructura eléctrica.
Por su parte, Busaniche considera que la discusión sobre los centros de datos que marcó la campaña estadounidense es esencial y debe llegar también a América Latina.
La mirada puesta en 2028
De cara a las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2028, ambas especialistas coinciden en que la IA formará parte de la agenda, aunque Zuazo no cree que llegue a ser un tema de primer orden.
Para Busaniche, será importante lo que ocurra en los próximos dos años con las empresas que desarrollan los modelos más avanzados. “La pregunta no es si hay o no una burbuja, sino cuándo va a estallar”, concluye.
Con AP, Reuters y medios locales
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