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Primera modificación: 01/05/2026 - 16:24

Ninguna agencia meteorológica utiliza oficialmente el término “súper” para describir el fenómeno de El Niño. En su lugar, las instituciones especializadas clasifican su intensidad en distintas categorías que llegan hasta la de “muy fuerte”, una posibilidad que algunos modelos contemplan para el verano de este año, aunque todavía es demasiado pronto para prever su magnitud con precisión.

El 2026 podría marcar el inicio de uno de los eventos de El Niño más potentes de las últimas décadas. Diversos servicios meteorológicos advierten que es muy probable que el fenómeno comience a mediados de año, con una intensidad que oscilaría entre moderada y muy fuerte.

Hasta ahora, las probabilidades son de un 61% de que este fenómeno comience entre mayo y julio, según la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica estadounidense (NOAA).

Los científicos coinciden en que es seguro que el evento ocurrirá este año, pero que su magnitud final sigue siendo incierta. Cristina Recalde, científica de Climate Prediction Center de NOAA, explicó a France 24 que el organismo tiene cuatro medidas de intensidad de El Niño entre débil, moderado, fuerte y muy fuerte.

Y hasta ahora, cada intensidad es igual de probable.

“En estos momentos hay una probabilidad de uno en cuatro de que se desarrolle un evento muy fuerte. Y esa probabilidad es la misma para las diferentes categorías”, explicó Recalde.

Pese a la cautela científica, muchos titulares ya alertan sobre un “súper Niño”. Sin embargo, es importante señalar que ni la Organización Meteorológica Mundial, ni la agencia europea Copernicus, ni la NOAA utilizan ese calificativo.

“El Climate Prediction Center construye estas categorías con mucho cuidado, basado en los modelos y en las probabilidades. La mejor forma para transmitir este mensaje es mediante estas categorías de El Niño débil, moderado, fuerte y muy fuerte, porque a veces tal vez el término ‘súper’ puede implicar otras cosas”, aclaró Recalde.

Animación del Climate Prediction Center sobre la temperatura del océano

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El Servicio de Cambio Climático de Copernicus tampoco usa ese término. “La definición de “súper” El Niño no es una definición científica, es una definición de los periodistas”, explicó a France 24 Carlo Buontempo, director del C3S, que pertenece a la Unión Europea.

Aunque Copernicus también señala que existen probabilidades de que el fenómeno de este año sea muy fuerte, Bountempo aclara que aún es muy temprano para saberlo con certeza.

El gran reto de la meteorología hoy es la barrera de predictibilidad primaveral. Esto significa que los datos recogidos en primavera suelen ser volátiles y pueden cambiar drásticamente al llegar el verano.

“Básicamente, los pronósticos hechos antes de mayo no son tan fiables como los que se hacen al principio del verano. Es una cuestión que tiene mucho que ver con la estructura térmica del océano que esconde un poco el estado real del océano. Hay una capa superficial que hace que los modelos no puedan ver de verdad cómo está el océano en profundidad. Y el efecto sobre la atmósfera, claramente, depende mucho de la temperatura superficial del océano”, señaló.

Esto implica que los modelos serán mucho más certeros a principio de mayo y, aún mejor, al principio de junio, cuando esa capa ya no tendrá el impacto que ha tenido hasta ahora.

¿Qué es el Fenómeno de El Niño?

Su nombre completo es Fenómeno El Niño-Oscilación del Sur, conocido como ENOS por sus siglas en español. Este es un ciclo con tres fases: La Niña, asociada a épocas frías según la región del mundo; El Niño, que se traduce en altas temperaturas y la fase neutra, la que rige actualmente.

Concretamente El Niño se dispara cuando los vientos alisios se debilitan, permitiendo que la superficie del Pacífico se caliente de forma inusual. Asimismo, esto invierte las presiones atmosféricas entre los hemisferios oriental y occidental en los trópicos.

En otras palabras, la presión atmosférica que, por ejemplo, en la ciudad australiana de Darwin suele ser baja, durante El Niño es más alta de lo normal; mientras que ocurre lo contrario en la isla de Tahití en la Polinesia Francesa, donde la presión cae drásticamente.

Este baile térmico de El Niño comienza al superar el umbral de los 0,5 grados Celsius en el Pacífico central. Si esa cifra escala por encima de los 2 grados —como ocurrió en entre 1982 y 1983, 1998 y 2015— entramos en categoría “muy fuerte”.

En 2024 también hubo un Fenómeno de El Niño, pero su magnitud osciló entre moderado y fuerte. Aún así, contribuyó a que ese año fuera el más caluroso registrado hasta ahora, como lo señaló Copernicus. En esa misma línea, si 2026 tiene un Niño aún más potente, podría romperse un nuevo récord de las temperaturas del planeta.

“Si no ocurre en el 2026, será casi seguramente en el 2027, porque sabemos que el impacto de El Niño sobre la temperatura media global tiene un retraso de algunos meses. Creo que es probable que tendremos otro récord en el 2027”, afirmó Buontempo.

Este dependerá en gran medida de cómo se comporten las presiones atmosférica y las temperaturas del Pacífico. Para medirlo con precisión, la NOAA utiliza renovó su indicador. Antes, el Centro de Predicción Climática usaba el Índice Oceánico de El Niño (ONI), que usaba como base la desviación del promedio de 30 años en la temperatura de la superficie del mar.

Pero desde febrero de 2026, optaron por utilizar el Índice Oceánico Relativo de El Niño (RONI), que compara una región específica del Pacífico con los trópicos globales.

“Una de las razones por la que la NOAA decidió cambiar hacia ese nuevo índice es porque este aparentemente puede capturar mejor esta fase de cuando el océano y la atmósfera se acoplan, y podemos tratar de predecir con un poquito de mayor certidumbre cuáles serían los impactos relacionados con ENSO, con respecto a todo el Océano Pacífico”, explicó Cristina Recalde.

El análisis se concentrar en observar las anomalías de una región del Pacífico conocida como 3.4 y es ese resultado el que comparan con el resto del océano.

¿Afecta el cambio climático a El Niño?

Si bien es temprano predecir qué ocurrirá con El Niño este año, se prevé que sus consecuencias sean cada vez más duras por el cambio climático.

“Los impactos de temperatura y de precipitación van a ser peor, porque cuando llega el pico de El Niño llegará en un mundo que ya tiene una temperatura mucho más alta y por eso puede llegar a niveles más altos que los de los fenómenos anteriores. Y, por otro lado, una atmósfera más cálida significa también mayor concentración de vapor de agua que puede producir precipitaciones aún más fuertes”, señaló Buontmepo.

En otras palabras, no hay certeza de que el cambio climático sea el culpable de que El Niño sea más frecuente, pero sí hay evidencia de que un planeta más cálido es el combustible perfecto para que los efectos de este fenómeno sean más extremos.

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