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Primera modificación: 03/03/2026 - 21:26

Pakistán, históricamente un país de tránsito de drogas, se está convirtiendo en un centro de producción y consumo masivo. La agitación provocada por el regreso de los talibanes al poder en Afganistán en 2021 ha acelerado esta transformación. Un reportaje de nuestros corresponsales muestra cómo iniciativas ciudadanas intentan combatir este flagelo. Shahzaib Wahlah y Ondine de Gaulle desde Karachi, la ciudad portuaria más grande de Pakistán.

Un año después, el nuevo régimen afgano prohibió de forma abrupta el cultivo de amapola, materia prima del opio y la heroína, lo que provocó un desplome sin precedentes de la producción en Afganistán.

El cultivo se desplazó entonces hacia la provincia pakistaní de Baluchistán, fronteriza con Afganistán, que en pocos años se consolidó como uno de los nuevos focos regionales de producción ilegal.

Paralelamente, las redes afganas apostaron de forma masiva por las drogas sintéticas, hasta el punto de que la metanfetamina fabricada en Afganistán inunda hoy el mercado pakistaní.

Esta reconfiguración del negocio de la droga tiene consecuencias directas y devastadoras en Pakistán, donde los consumidores con problemas de adicción se cuentan por millones.

Derecho a réplica del gobierno de Pakistan:

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