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El papa León XIV inicia este viernes su primer viaje a América Latina en un país donde sólo un tercio de la gente se define católica, el aborto y la eutanasia son legales, y la Navidad es llamada oficialmente Día de la Familia.
Se trata de Uruguay, el país más laico de Latinoamérica.
En sus calles, el entusiasmo de algunos por la llegada del pontífice contrasta con el desinterés de quienes evitan una identificación religiosa, que según encuestas son cerca de la mitad de los uruguayos.
"Nada, cero", responde Soledad Naya, una diseñadora industrial de 43 años en Montevideo, cuando le preguntan si seguirá las actividades del Papa: aunque proviene de una familia católica, se define como atea.
A pocos metros del estadio Centenario, donde se levanta un gran escenario para que León conduzca una vigilia ante unos 60.000 fieles el domingo, Margarita Bentancour también dice carecer de expectativas por esta visita, pese a ser creyente.
"No me simpatizan las iglesias", explica esta empleada doméstica de 59 años. "Jesús, cuando tuvo que ayudar y hacer, no necesitó tanto".
La agenda de León XIV tras su llegada a Montevideo en la tarde de este viernes incluye encuentros con autoridades de gobierno y eclesiásticas, visitas a otras dos ciudades uruguayas y a un barrio popular de la capital con problemas de violencia.
Está previsto que el domingo por la tarde el Papa viaje a Argentina y el jueves a Perú, donde vivió décadas, dos países cuyas constituciones invocan a Dios y establecen un vínculo de apoyo al catolicismo sin declarar una religión oficial.
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En Uruguay, la Constitución que entró en vigor en 1919 declaró que el Estado "no sostiene religión alguna" y lo separó formalmente de la Iglesia, tras un proceso de secularización iniciado en el siglo XIX que marcaría a su sociedad hasta hoy.
Este país de 3,4 millones de habitantes, donde han mermado los católicos sin que las iglesias evangélicas logren atraerlos como en otras partes de América Latina, plantea según expertos un reto especial al Papa en su viaje a la región más católica del mundo.
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"Uruguay ofrece una mirada al futuro religioso de otras naciones latinoamericanas, a medida que las generaciones más jóvenes se distancian de la religión organizada", sostiene Andrew Chesnut, un catedrático de estudios católicos en la Virginia Commonwealth University.
Este especialista en la historia religiosa latinoamericana agrega que "el principal reto para León será demostrar la continua relevancia del catolicismo en un país donde la Iglesia tiene relativamente poca influencia cultural o política".
"Su visita también pondrá a prueba si el primer papa estadounidense, en base a su amplia experiencia pastoral en Perú, puede reconectar con católicos alejados de la Iglesia y ayudar a frenar el éxodo que cambió el panorama religioso de América Latina", dice Chesnut a BBC Mundo.
"Autocensura"
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Esta es la tercera vez que un papa llega a Uruguay, luego de las visitas de Juan Pablo II en 1987 y 1988, cuando el país recuperaba la democracia tras una dictadura militar de más de una década.
Es también el quinto viaje apostólico de León desde que inició su pontificado en mayo de 2025, tras la muerte de su antecesor argentino Francisco, el primer papa latinoamericano de la historia.
El cardenal uruguayo Daniel Sturla señala que el objetivo principal del Papa es "confirmar en la fe a sus hermanos católicos y la unidad de la Iglesia".
A su juicio, en Uruguay la vida humana "a veces no es apreciada en toda su belleza, valor, dignidad".
"Eso tiene que ver también con la realidad de nuestro país, con la baja tasa de natalidad, el alto índice de suicidios, la aprobación de leyes como el aborto y la eutanasia", dice Sturla, arzobispo de Montevideo, a BBC Mundo.
Uruguay despenalizó en 2012 la interrupción voluntaria del embarazo en las primeras 12 semanas, una medida que minimizó las muertes de mujeres por abortos clandestinos.
Y el año pasado fue el primer país de América Latina en regular por ley la "muerte digna" o asistida para adultos en la etapa terminal de una enfermedad irreversible.
Esas normas, a las que se opuso la Iglesia católica, siguen una larga tradición de liberalismo social en Uruguay, que en este siglo legalizó además el matrimonio homosexual o la marihuana, y en 1913 fue pionero regional en permitir el divorcio por la sola voluntad de la mujer.
Hace más de un siglo, el país también removió los crucifijos de hospitales públicos, suprimió la enseñanza religiosa en aulas del Estado y cambió el nombre oficial de feriados: la Semana Santa pasó a ser Semana de Turismo y el 25 de diciembre el Día de la Familia, aunque popularmente se lo siguió llamando Navidad.
En la encuesta anual de Latinobarómetro más reciente, Uruguay tiene la menor proporción de personas que se definen católicas entre 17 países latinoamericanos: 35%, lejos del 67% en Perú o del 55% en Argentina, el promedio regional.
Eso representa una caída pronunciada del catolicismo desde 1990, cuando 60% de los uruguayos se incluían en esa religión, un cambio que los expertos atribuyen a diversos motivos.
Sturla reconoce que la Iglesia ha tenido libertad para actuar en el país, aunque sostiene que hubo "un cierto arrinconamiento" de la institución y sus fieles.
"Hay como una autocensura católica, porque de repente mostrarse católico, hablar de la fe, no está tan bien visto", afirma. "Eso hace que los mismos católicos a veces nos replegamos un poco, y creo que una visita papal ayuda a expresar más públicamente la fe".
Polémica y expectativas
La llegada de León a Uruguay también generó una polémica cuando el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Goñi (del conservador Partido Nacional), propuso iluminar el exterior del Palacio Legislativo con los colores del Vaticano.
Otros diputados advirtieran entonces que eso podría violar la laicidad de las instituciones republicanas, y la iniciativa pareció naufragar.
En Uruguay las manifestaciones religiosas suelen quedar en el ámbito privado, pero la visita del Papa concitará atención pública.
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En la céntrica plaza Independencia de Montevideo, frente a la sede del Poder Ejecutivo, se instaló un escenario para dar la bienvenida a León, quien hablará allí antes de reunirse en privado con el presidente izquierdista Yamandú Orsi.
Según Latinobarómetro, el pontífice tiene en Uruguay una valoración popular de cinco en una escala de cero a 10, la segunda más baja de la región tras Venezuela.
La mitad de los uruguayos preveía en agosto que la llegada del Papa tuviera un impacto positivo para el país, según una encuesta de la firma Equipos.
Algunos buscaron hacer negocios con la visita: en la ciudad de Florida, unos 100 kilómetros al norte de Montevideo, alquilaban balcones por hasta US$400 para ver la misa que León celebrará en la plaza principal el domingo.
"Yo no creo (en religiones), pero se respeta la venida, es una personalidad mundial", dice Víctor Figueroa, un repartidor de 56 años, mientras hace su trabajo en las calles de Montevideo.
En Casavalle, una zona popular al norte de la ciudad con tasas de pobreza y homicidios mayores que en otros barrios, también aguardan la visita papal en la tarde del sábado para mostrar la realidad cotidiana y varias obras sociales que realiza la Iglesia allí.
"Esperando a que llegue (León) y por lo menos dé algo de alivio en este barrio, en la agresividad", dice Estrella Cuadrado, una vendedora callejera de 50 años que ha vivido la mitad de su vida en Casavalle y nota que la inseguridad empeora. "Estás hablando con uno, al ratito vienen y te dan igual un tiro".
La parroquia barrial Nuestra Señora de Guadalupe, al igual que otras sedes católicas en Uruguay, exhibe en su exterior un cartel con la imagen de León y el lema oficial de su visita: "Les anuncio una gran alegría".
Al extremo sur de la ciudad, en el barrio rico y costero de Pocitos, Matilde Ibarguren se muestra complacida con la llegada del Papa, sin que ella ni su familia tengan religión.
"Aunque seamos poquitos y laicos", razona esta estudiante de 20 años, "que él venga acá significa que sabe que en Uruguay también hay gente que lo valora y aprecia su palabra".
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