París (Francia) (AFP) – Desde los bulliciosos cafés literarios de Montparnasse hasta la Biblioteca Nacional de Francia, donde se encuentra parte de su archivo personal, incluido el diploma y la medalla del Nobel de Literatura, París marcó profundamente al escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias.

Primera modificación: 03/11/2026 - 16:11

Impulsor del realismo mágico y gran defensor del mundo indígena, Asturias (1899-1974) fue enterrado en el famoso cementerio parisino de Père-Lachaise. Tras más de medio siglo, sus restos serán trasladados la semana que viene a su Guatemala natal.

El escritor vivió en la capital francesa durante varios periodos, principalmente entre 1923 y 1933, una etapa crucial para su formación, y luego como embajador, entre 1966 y 1970.

En sus primeros años parisinos, se inscribió en la Sorbona para estudiar los mitos precolombinos, y trabajó como corresponsal para múltiples periódicos, entre ellos El Imparcial de Guatemala.

"Esta ciudad tiene un río viejo en el que nadie se baña, iglesias en las que nadie reza, palacios en los que nadie vive", escribe sobre París en uno de sus artículos.

En esa época de entreguerras, la Ciudad de la Luz era un epicentro artístico y Asturias se nutrió de esta efervescencia.

Cafés literarios

Frecuentó los cafés literarios, especialmente en el barrio de Montparnasse, como la Rotonde, donde entrevistó al escritor español Miguel de Unamuno, o la Coupole, donde coincidió con otro literato, Ramón Gómez de la Serna, y los pintores Juan Gris y George Braque. En el Jockey solía ver a Pablo Picasso.

En ese contexto de ebullición artística, "todos estos movimientos se discutían en los cafés literarios de París donde mi padre asistía permanentemente", explica su hijo Miguel Ángel Asturias Amado en un video reciente en redes sociales.

"Se fue formando y ahí creando también el camino que él iba a tomar sobre la literatura", afirma.

Estando en París, Asturias publicó su primer libro, "Leyendas de Guatemala" (1930) y ya tenía "casi terminado", como dijo el escritor en alguna entrevista, su novela más conocida: "El señor presidente" (1946), inspirada en la dictadura de Manuel Estrada Cabrera (1898-1920) y que es considerada como una de las primeras obras sobre autócratas que luego tanto proliferaron en la literatura latinoamericana.

En su posterior etapa de diplomático, ya como un escritor consagrado, dos hechos marcaron su estancia.

Estando en París, en 1966, recibió el premio Lenin de la Paz, otorgado por la Unión Soviética.

Un año después, le llegó el reconocimiento mundial con el premio Nobel de Literatura.

Según explicó, se lo anunciaron el día de su cumpleaños, el 19 de octubre, en la embajada, en aquel entonces situada no lejos de los Campos Elíseos.

Estas dos distinciones se encuentran actualmente en la Biblioteca nacional de Francia (BnF) y forman parte del archivo personal que el mismo escritor decidió legar a esta institución.

Este fondo incluye manuscritos, correspondencia, dibujos, escritos sobre discursos y varios objetos, como un bastón con esculturas en la empuñadura.

"La génesis"

Entre los documentos destacan 56 cuadernos de diferentes tamaños, con notas para sus obras, apuntes sobre sus viajes...

"Abarcan un periodo de escritura muy amplio. Son el lugar donde se enuncia y se muestra la génesis de las obras, la evolución del pensamiento de Asturias", explica para AFP Laurence Le Bras, responsable del departamento de manuscritos modernos y contemporáneos de la BnF.

"Son las piezas maestras de este fondo", añade, precisando que en total los archivos de Asturias en la institución, procedentes de su apartamento parisino, ocupan unas 150 cajas de conservación.

Este fondo también incluye dibujos --"muy representativos del realismo mágico", según Le Bras--, donde aparecen pájaros, personajes de leyendas o caricaturas, hechos en trozos de papel de todo tipo, incluso manteles.

"Asturias apreciaba mucho sus dibujos, ya que en algunos casos están pegados en hojas más grandes, a veces agrupados de forma temática", explica la experta.

Dos años antes de su muerte en Madrid, el autor de "Hombres de maíz" ya expresó su deseo de que quería legar este archivo parisino a la BnF, según correspondencia de la época.

"Tenía un apego muy fuerte a esa Francia, que fue la base donde se formó intelectualmente, y quiso concretar ese apego a través de la donación de sus archivos", asegura Le Bras.

© 2026 AFP

El contenido que solicitó no existe o ya no está disponible.